Itinerario PolíticoRicardo Alemán 29 de mayo de 2008
Guerra contra el narcotráfico y el alza en la comida, los ‘focos rojos’ .
El presidente Calderón tuvo que recurrir al populismo alimentario .
M ás allá de la extraordinaria gráfica del diario La Crónica de Hoy —con el ingenioso título de “Tres tristes tigres”—, que en primera plana deja ver al presidente Felipe Calderón y los secretarios Eduardo Sojo y Luis Téllez en franca preocupación, lo cierto es que en la casa presidencial algo incomoda y nadie parece contento con lo que ocurre en las políticas sobre el combate al crimen organizado, por un lado, y en materia alimentaria, por el otro.
El presidente Calderón, dicen algunos de sus cercanos, está molesto, malhumorado, porque las cosas no salen como el jefe de las instituciones lo imagina. La incomodidad es de tal nivel que algunos apuestan a que en áreas estratégicas de la administración calderonista se produzca no sólo un cambio de ruta, sino hasta de tripulación. Todo, según las encuestas, frente a una imagen presidencial sostenida al alza, que supera 60% de la preferencia ciudadana.
Y son dos las señales de focos rojos. Primero, lo que a ojos de todos es una estrategia fallida y/o hasta fracasada en esa anunciada guerra contra el crimen organizado, el narcotráfico y el llamado narcoterror. Y en efecto, nadie puede negar que todos los días se producen importantes decomisos de droga, incautación de armamento que atesoran los criminales y la detención de sicarios. Sí, todo eso habla de resultados positivos del Estado en su lucha contra los criminales.
Pero también está claro que en el otro extremo, el del narcotráfico y los criminales organizados, todos los días aparecen todo tipo de asesinatos cometidos presuntamente a causa de las peleas entre bandas criminales, en unos casos, y disputas entre cárteles y policías municipales, estatales y federales, en otros. Las estadísticas muestran que como nunca había ocurrido, las bandas operan prácticamente en todo el país y el saldo de crímenes es el más alto en la historia criminal mexicana.
Pero también está claro que entre los criminales existe organización, logística, inteligencia y un muy elevado potencial de armamento que, en muchos casos, supera a los de instituciones del Estado mexicano. Por todas partes aparecen evidencias de que la inteligencia del crimen va por delante de la reacción de los cuerpos policiacos que, además, prácticamente han sido infiltrados por todos sus flancos por las bandas criminales.
Y ese potencial quedó exhibido a los ojos de todos en las semanas recientes cuando, en ataques casi simultáneos, distintas células criminales desarticularon y eliminaron a policías de carrera, fundamentales en la estructura de la Policía Federal. Uno de ellos fue el asesinato de Édgar Millán, el número dos de la PFP y quien al llegar a su casa fue acribillado por sicarios de las bandas criminales.
Otro fue la balacera que el pasado martes se produjo en Culiacán, en donde fueron asesinados siete policías federales, durante un enfrentamiento con criminales. Lo curioso es que según las notas informativas, no eran más de diez los criminales frente a más de 200 policías. Y el resultado, como queda claro, fue totalmente adverso a la Policía Federal.
El otro foco rojo es el que tiene que ver con la crisis alimentaria mundial y su repercusión en México. El gobierno de Felipe Calderón, hay que recordarlo, arrancó con una severa crisis por el disparo en el precio de la tortilla; una crisis que no era otra cosa que el anuncio de lo que vendría y que tomó mal parado a todo el gobierno.
Y en la administración de Calderón tienen claro que el de los alimentos —más que el del crimen organizado o que cualquiera otro de los problemas prioritarios— se puede traducir en la más severa crisis que pudiera enfrentar el gobierno panista. Con la comida, como dice el refranero popular, no se juega, porque la falta de alimentos o su disparo en los precios hasta niveles inalcanzables para las clases populares sería capaz de tirar a un gobierno.
El gobierno de Calderón podría estar en riesgo frente a los embates políticos, frente a las bandas del crimen organizado, pero estaría en mayor riesgo frente a una sociedad que no cuenta con los alimentos suficientes y al alcance de las mayorías. La comida, la disponibilidad de alimentos y a precios accesibles construye o destruye gobiernos. Y eso lo sabe la administración de Calderón.
Por eso, y en contra de todos los pronósticos, en contra del “librito”, el gobierno de Calderón respondió a la crisis de alimentos con la “varita mágica” de los subsidios. En efecto, subsidios a los que más tienen, al mantener controlado el precio de la gasolina, el diesel y el gas; pero también subsidios a los que menos tienen, con dinero en efectivo. Es decir, ante una crisis como la de alimentos, el gobierno de Calderón reacciona con una política que él mismo y su partido han cuestionado. La política populista del subsidio.
Ante una crisis alimentaria como la que ya está presente, el derechista gobierno de Felipe Calderón decidió actuar bajo las mismas directrices de sus adversarios. En pocas palabras, hace lo mismo que cuestionó, por ejemplo, en el caso de Andrés Manuel López Obrador. Y resulta cuestionable esa política, pero también es entendible. Es decir, que mientras que no se reconstruyan las cadenas productivas de básicos para alcanzar equilibrios de autosuficiencia, cualquier gobierno que entienda su fragilidad frente a la carencia de comida, no tiene más remedio que recurrir al populismo alimentario.
Y por si hiciera falta, como lo dijimos aquí hace apenas unos cuantos días, de nueva cuenta le reventó en las manos al gobierno de Felipe Calderón el asunto de la incumplida defensa de los derechos humanos. Amnistía Internacional reprueba al gobierno de Calderón, porque no respeta las garantías individuales. Y en efecto, se insiste en que cambiaría la ruta… pero también la tripulación. Al tiempo.
Fuente: Periódico El Universal. Sección Columnas 29/05/2008
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